domingo, junio 06, 2004

Por la mañana

Diez y veinticinco de la mañana. Me acabo de levantar de un futón situado en el suelo del salón situado en una casa que alberga a dos personas para las que no tengo palabras.

Tengo sentado ante mí a otro elemento que hace tiempo dejó atrás todos los elogios que pudiere vertir sobre él.

Ahora mismo acaba de entrar con café la pareja del anterior sujeto, Me ha preguntado cuánto quería de azúcar. Y la cosa es que a mí el café no me hace nada de gracia, pero cuando se tiene una morenaza como ella al lado, contestarle que sí se convierte en un placer, especialmente cuando se ofrece a traerte un café.

"Esto es lo que escucha Dios", me ha contestado mi temporal compañero de habitación. Suena una música mezcla de Heavy y banda sonora de peli medieval. Definitivamente le tengo que traer los CDs que le prometí, Pocas veces he visto a alguien disfrutar con la música como le he visto a él.

En el salón duermen las otras dos peronas que completan este local y muy particular cuadro. Cuando me he levantado y he pasado a su lado me han parecido adorables, pero ellos tienen la particularidad de que lo son además estando despiertos.

¿Qué se puede hacer cuando la vida te regala una compañía semejante? Pues, aparte de disfrutar cada momento vivido en su compañía, y de intentar dar una idea de su grandeza y de lo que les quiero en este diario electrónico, poco más se puede hacer.

Me han ayudado mucho. Les he dado varias oportunidades para entrar dentro de mí y que explorasen, y las han aprovechado muy bien. Solamente espero poder devolverles todo el tiempo, todo el esfuerzo, toda la energía que han vertido en mi persona. Soy capaz de hacerlo, y cuando me necesiten me tendrán ahí.

Aunque... falta mucha gente.

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